EDICIÓN 26/02: Puros contra charlas: fumar en lugar de „¿Qué tal?“
Hay enemigos que no vienen con un bate de béisbol.
Vienen con una sonrisa. Y una pregunta.
„¿Cómo va todo?“
O incluso peor:
„Entonces, ¿qué hay de nuevo?“
Estas cuatro palabras no son una conversación. Es un asalto a tu paz interior.
Estás de pie en algún sitio -un aperitivo, un cumpleaños, una velada de networking, casualmente cerca de un bufé que parece un triste cementerio de ensaladas- y de repente ahí está: la persona de la charla trivial. Suele ir vestido de punta en blanco, siempre motivado, nunca cansado. Una persona que dice „emocionante“ sin que nada sea emocionante.
Y ya sabes: allá vamos.
„¿Ocupado?“
- „¿Sí, tú?“
„Sí, lleno“.“
- „Ah vale.“
Silencio.
Luego viene la segunda fase: el tiempo. Las vacaciones. El precio de la vivienda. Algo así como „todo va muy deprisa hoy en día“. Sientes que tu mente abandona lentamente tu cuerpo y busca una salida de emergencia en la habitación.
Y aquí es donde entra en juego el puro.
¡El puro, tío!
No como un escape. Como un bote salvavidas.
Porque un puro es la señal de stop más elegante del mundo. No es una señal de plástico, ni un „no molestar“, sino un aura ardiente y fragante que dice: Estoy presente, pero no disponible para trivialidades.
No tienes que explicar nada. Ni siquiera tienes que hablar. Te iluminas y, de repente, ocurre algo maravilloso: la gente te respeta sin saber por qué. (...er...bueno, eso no pasa siempre).
El cigarro te convierte en una figura.
Ya no eres „ese“. Eres „el del puro“. Eso es un estatus. Es un papel. Es casi una profesión.
Mientras los demás hablan frenéticamente como si tuvieran que justificar su existencia, tú estás ahí sentado, tirando despacio, mirando a lo lejos... y con cara de estar teniendo pensamientos muy importantes sobre la vida. En realidad, sólo estás pensando si quieres otro expreso más tarde.
Pero parece muy profundo.
Y lo mejor: un puro devuelve los descansos.
En la sociedad moderna, las pausas son sospechosas. Si no hablas, la gente piensa inmediatamente que estás planeando algo. O que estás triste. O que eres „raro“. Una pausa se ve como un defecto del sistema.
El puro convierte el descanso en un acontecimiento.
Te sientas, miras, tiras, dejas pasar el tiempo... y nadie pregunta: „¿Estás bien?“.“
Porque parece intencionado.
Los charlatanes odian la intención. Viven de frases en blanco. Del aire. De palabras que no llevan nada.
Tú, en cambio, llevas humo.
Por supuesto que hay contraataques.
Siempre hay alguien que dice: „¡Vaya, qué fuerte huele!“.“
Sí, esa es la cuestión. No es una vela perfumada con „paseo por el bosque y acogedor“. Es tabaco. Es carácter. Lo es: He decidido estar aquí, pero no formar parte de su grupo de debate.
Luego está la variante moral: „¿No es poco saludable?“.“
La misma persona sostiene un vaso de Prosecco y una cosa de mini quiche, 80% de la cual es mantequilla.
Asientes lentamente, como un sabio que ha visto mucho. No digas nada. Dibuja. Deja que la pregunta se evapore en el aire.
Y de repente te das cuenta: El cigarro no es sólo un antídoto para la charla. Es un filtro.
Alguien se acerca y no pregunta por el tiempo, pero:
„¿Qué estás fumando?“
„¿Qué tal sabe?“
„¿Qué más da?“
De repente se trata de cosas que existen de verdad: Sabores, artesanía, tiempo, tranquilidad.
Eso no es „trabajar en red“. Eso es humano.
Siempre habrá conversaciones triviales. Acecha en los pasillos, en los eventos y en las colas. Se presenta como algo amistoso, pero te quita energía.
Pero estás preparado.
No tienes excusa. Tienes un puro.
¡Un cigarro, tío!
Y mientras otros hablan para no callar, tú te sientas y callas, a propósito.
¿Por qué no me habla ahora, en el cuadro de comentarios de abajo? Pero sin cháchara, por favor. 😅
Créditos de las imágenes
- Portada: ChatGPT: „Haz un dibujo abstracto que represente febrero con campanillas de invierno en el centro. Sin texto“.“

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